
halcón gerifalte


halcones gerifaltes puros
Falco rusticolus
El Halcón de los Reyes
Una maravilla de la creación, una alianza de gracia y poder, una verdadera joya de la naturaleza.
Elegancia indómita, parece esculpida por los dioses para dominar la inmensidad del desierto.
Su presencia, discreta e imponente a la vez, evoca una perfecta armonía entre fuerza y delicadeza. Vuelos de precisión, guardianes de las tierras árticas, joyas del cielo que danzan con el viento.
¡Las princesas y príncipes del desierto !

EL ÚNICO
No es un simple encuentro, es una revelación, una historia de amor que ha quedado inscrita en mí como un voto eterno.
A lo largo de los siglos, estas aves excepcionales han revelado su sensibilidad y sutilezas con una elegancia imperiosa.
El halcón gerifalte es un espíritu indómito, un maestro del aire cuyo cada aleteo cuenta una saga de supervivencia y gracia.
Con una mirada penetrante, afilada como una espada forjada en el frío ártico, sondean el alma de aquellos que se atreven a acercarse.
Aprendí a escuchar su silencio, a descifrar sus sutilezas:
De este modo, expresan alegría, juegos cómplices e impulsos sinceros, en absoluta plenitud.
Cuando reciben su confianza y finalmente se abren, ¡se entregan por completo a su cetrero!
Su vuelo, en una curva perfecta, sigue el viento; esta aceleración ultrarrápida encarna la pureza del instinto.
La delicadeza no es meramente física; es emocional, una vulnerabilidad enmascarada bajo una armadura de plumas que inspira absoluto respeto. Tocar un gerifalte es rozar la esencia misma de la vida salvaje, una conexión que trasciende tanto lo humano como lo animal.
En este centro de cría dedicado a la selección de gerifaltes, el noble arte de la cetrería cobra todo su significado.
No es una práctica, sino un ritual sagrado, una danza armoniosa entre el hombre y la naturaleza.
El respeto es obligatorio, no como una obligación, sino como un hecho:
A un Gerfaut no se lo domina, se lo comprende, se lo venera.
Es en este sentido que nace la verdadera selección, la de elegir no por la fuerza bruta, sino por la armonía.
para perpetuar un linaje que honre los orígenes árticos de estos señores de los cielos.
Esta vocación no nació de un capricho, está arraigada en mi ser, es un fuego interior encendido por aquel rayo inicial.
Hoy, a través de este programa de crianza, comparto esta sentida historia con aquellos que, como yo, sienten el llamado de las alturas.
Los gerifaltes no son compañeros; son guías, espejos de nuestra propia búsqueda de libertad y delicadeza.
En cada vuelo, una chispa original, ese respeto infinito por la contemplación que hace la vida más profunda, más verdadera.
Nobleza de crianza
joyas de la naturaleza

SÍGANOS





































































